Lo siento, no siento nada.

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Hace tiempo que ya no sientes. Ni padeces. Ni tienes, ni retienes.

Tú, que soñabas con amores imposibles. Que sonreías con un “Buenos días guapa” y que no se dormía hasta dar las buenas noches aunque eso significase dormir con el móvil en la mano.

Te acuerdas de esos pequeños infartos que te daban cada vez que ese alguien (llamemoslo X) te hablaba. Recuerdas ir en el autobús y reírte por cualquier tontería, y ¿qué importaba si la señora que venía del mercado te miraba? Tenía ilusión y daba igual.

¿Recuerdas lo que era besar con ganas? Besar queriendo. Recordar abrazos, abrazos de los que tienen aroma propio, abrazos que se respiran.

Pero hace tiempo que no sientes nada. Que lo que parece ilusión se esfuma y que lo que se dice que es bueno ni se disfruta.

Me gustan las cosas enteras. Nada a medias. Sentirlo todo, sin medias tintas, sin dudas.

Veo a cientos de personas hacer cosas que no sienten, decir que quieren sin querer y hacer cosas por hacer. Y me da pena.

Pero aquí estás tú, esperando alguna señal divina que te diga que tienes que sentir algo. Supongo que solo estás descansando hasta sentir eso que no sientes desde hace tanto.

Y ahí estás, conociendo a personas nuevas sin sentir nada. Pero te fuerzas. Te dices a ti mismo “A lo mejor es una persona maravillosa y todavía no le conozco bien”

Ay, querido iluso. Si no te ha llamado la atención ya, no lo hará.
Y te dices a ti mismo “soy demasiado exigente”

Pero sabes que no es eso, que en realidad te conformas con poco con tal de que ese poco sea especial. Pero no ha llegado nada especial a tu vida en mucho tiempo y te paras a pensar si existe o si lo ha descubierto alguien más y estás esperando a que nada pase.

Impaciencia. Ese es el problema. Te come la impaciencia por encontrar, cuando en el fondo sabes que las mejores cosas que han pasado por tu vida no las has buscado, te encontraron sin querer.

Y ves como, según pasa el tiempo, pasan personas por tu vida y rellenan poco a poco tu libro con historias, (llamemoslas relatos cortos) que no te llenan. Sabes que de todo se aprende, sabes que todo sirve para algo pero te da igual, sigues teniendo un vacío que nadie llena.

Habrán pasado y pasarán personas increíbles por tu vida, y tú no lo verás, porque seguramente ninguna haya sido para ti. Y te culparás de no saber querer, te culparás de ser demasiado exigente y de no poder dar más de ti.

Corazón de limón, no puedes. No te engañes. No puedes forzar nada, no saldrá bien.

Solamente sé tú. Si quieres querer, quiere. Si quieres abrazar, abraza. Y si quieres perderte en las piernas de alguien, piérdete. Pero haz lo que sientas y no lo que te digan.

Si no ha llegado todavía esa persona que te haga desvelarte por las noches, no pasa nada. Llegará. Y tú estarás ahí, en lo más hondo de tu foso pensando que ya no sientes nada y que eres de piedra.

Pero no eres de piedra, eso es solo una capa que alguien tiene que rascar.

Vas a volver a sentir. Vas a volver a besar con ganas y vas a volver a desvelarte esperando las buenas noches de alguien. Eres joven, y tú mismo sabes que todo llega, y que cuando tarda es porque es bueno.

Así que mientras, disfruta de lo que tienes, porque lo tienes todo. Y vive. Sobretodo vive. Pero no mires atrás, atrás no has perdido nada. Lo que tienes está enfrente de ti, quizá te tropieces con ello o simplemente te salude un día por el metro, pero ahí está.

Vive porque mientras vives pasan las mejores cosas, y todo llega, tarde, pero llega.

Y se fue.

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Y se fue. Como un tren que no espera si llegas tarde al andén.

Se fue para no volver, cansada de mirar el reloj a ver si llegabas corriendo con alguna excusa por llegar tarde.

Se fue por varios motivos que tú nunca quisiste entender. Se ha ido, has perdido, qué tonto has sido.

Las personas se cansan de esperar a que algo pase. A veces lo que les mantiene a la espera es la esperanza de que alguien va a cambiar por ellos, de que les agarrará fuerte por la espalda y les dirá “No te voy a soltar”

Pero la esperanza es un cuentagotas que se vacía. Y tú vaciaste todas sus esperanzas. Ella creía en algo, algo en lo que ni tú mismo creíste nunca. Creía que podías cambiar, creía que podías llegar a ser la persona que le diese los buenos días cada mañana sin ninguna razón, solo porque necesitabas decírselo.

Pero, llegó a la conclusión de que las personas no cambian así como así. De que solo hay ciertas cosas en la vida que pueden hacer que una persona cambie, y ella no podía hacer eso.

¿Qué iba a hacer? ¿Conformarse con esa persona que le hacía daño día sí y día también, esperando a que, por arte de magia cambiase a mejor?

No.

Si no lo había hecho ya, no lo iba a hacer, y menos por ella.

Por eso se fue. Para ser feliz sin tener que cambiar a nadie. Se fue para querer más fuerte.

No se fue para olvidar, al fin y al cabo, fue bonito mientras duró.

Se fue para demostrarse que podía enamorarse de sí misma con sus cicatrices y sus heridas. Algo que tú no fuiste capaz de hacer.

Y se fue porque sabía que tarde o temprano volverías.

Pero ¿para qué volver? Ya no servirá de nada. Nunca te deberías de haber ido.
Tendrías que haber agarrado su mano antes de subirse a ese tren, una sola palabra hubiese hecho falta para ella:

“Quédate”

Y como no tuviste huevos, se fue.

A lo mejor no es amor.

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Ahora que lo pienso, a lo mejor no te quiero.

A lo mejor nunca lo he hecho.

A lo mejor te he buscado tantas veces porque me gustan los retos, las cosas imposibles y tú, tú lo eras.

Supongo que te cogí cariño. Supongo que como se coge cariño a alguien que ves a menudo, pero no el cariño que se debería tener a alguien a quien amas.

No fue para tanto. Una historia de la que aprender. Un “llamemoslo amor” imposible.

Y nos encanta lo imposible. Nos encanta conseguir lo que nos dicen que no podemos tener. Sabía que no podía tenerte, porque no eras de nadie. Y aun así, eso me dio más ganas de jugar al juego del pilla pilla, aunque tú fuese tres pasos por delante de mi.

Pero hay algo que aprender de todo esto.

Una cosa son los amores difíciles y otros, los imposibles. Idealizamos lo imposible hasta convertirlo en nuestra única meta pero dime ¿de verdad lo quieres?

Analiza. No lo quieres. No lo necesitas. No te gusta. No te hace falta.

Solo lo quieres porque no lo puedes tener.

Igual que yo unos Louboutin. Pero eso tarde o temprano, lo tendré.

Besos superrayadas.

Un hueco para ti

Quiero que sepas, que haré mi vida.
Haré mi vida y tú no estarás en ella. Estaremos lejos y puede que ni nos volvamos a ver.

Pero quiero que sepas algo: en mi vida siempre habrá un pequeño hueco para ti.
Quizá sea solo un recuerdo que aparece cuando paso por ese bar del barrio, o quizá tenga un hueco en mi apretada agenda para tomar un café contigo y recordar lo tontos que fuimos.

Y es que fuiste parte de mi vida, un capítulo de mi libro, al fin y al cabo igual de importante que los demás.

No importa lo bien o mal que lo pasase, no importa si alguna vez lloré. Gracias.

Porque de todo se aprende, y si me diesen la opción de volver al pasado y cambiarlo todo, no lo haría.

De lo malo he aprendido, y con lo bueno me quedo para sonreír de vez en cuando. Porque hubo un tiempo en el que me hiciste feliz, y aunque fuese poco tiempo, gracias. Gracias por completar un capítulo, gracias por ser como fuiste en ese momento, y gracias por aparecer cuando más lo necesitaba aunque después te fueses.

No importa. Apareciste y me salvaste de la monotonía. Unas horas, días, meses… ¿qué más da? Al fin y al cabo estaba pérdida y encontré algo mejor.

No quiero oír de tu boca que hubiese estado mejor sin ti.

Porque no es verdad. Porque me hiciste vivir, porque aunque ese capítulo lo leyese hace mucho tiempo, sin él este libro estaría incompleto.

Pase el tiempo que pase, recuerda siempre que te quiero.

Pero te prefiero a ti

Han venido decenas de príncipes azules.
Me han tratado como una reina.
Me han demostrado que soy especial.

Pero todo da igual, porque mientras tú no hagas lo mismo, no me importará nadie más.

Nunca entenderé por qué, alguien que ha demostrado tan poco me puede importar tanto.
¿Por qué me importas si seguramente yo no te importe a ti?
¿Por qué dejo de lado a personas que me harían ver el cielo, por ti, que solamente me has hecho caerme una y otra vez?

Da igual. Hago mi vida, creo que soy feliz y, de repente, apareces otra vez en mi cabeza como una mosca cojonera de verano y lo estropeas todo.

Algo en mi cabeza me dice que contigo sería feliz. Que espere un poco más y tenga paciencia.

Pero otra parte de mi me dice que soy idiota. Que no eres para mi, ni yo para ti. Que solo me traerás desgracias.

Una parte es el corazón y otra la razón. Y lamentablemente, mi corazón grita más fuerte.

El corazón es el mismo que me hace estropear cada relación que toco. Ese mismo que me dice “Esta persona no es para ti, sigue pensando en el pasado”

Querido corazón, deja de volverme loca.
Deja de imaginar que un día todo el maravilloso con quien no tiene que serlo.

Deja que todo llegue, que te quieran, déjate querer por una vez por quien se lo merece.

Y deja de derretirte por quien te hará daño, cuando sabes que lo hará.

Porque la primera vez que te hacen daño es culpa del otro, pero las diez veces siguientes es todo culpa tuya.

Querida mía. Ese “príncipe” no es para ti. No es un príncipe. No ha venido a salvarte sino a entregarte al verdugo.

Y tú, tú le estás poniendo el trabajo en bandeja entregándote a él.

Y mientras tanto hay alguien que moriría por estar a tu lado pero tú le dijiste “No estoy preparada”

Y si tú misma no piensas que estás preparada, nadie lo hará e irás toda tu vida con un cartel luminoso en la cabeza que dirá “Ocupada”

Ocupada en qué, ¿en sufrir?

Ocúpate en ser feliz, que lo único que te cause dolor sea depilarte.

Besos superrayadas.

Miedo a ganar

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Nos han salido tan mal las cosas, hemos tropezado tantas veces con la misma piedra, que tenemos miedo.

Tenemos miedo a que nos hagan daño otra vez.

Tenemos miedo a perder algo que ni siquiera tenemos.

Nos da miedo tropezar, sin darnos cuenta de que podemos bordear las piedras.

Y aquí estamos, planteándonos esta nueva historia como algo que va a salir mal.

“Es que va a salir mal, no me quiero hacer ilusiones” nos decimos. Y al final, lo único que conseguimos es no disfrutar de cada historia, por muy corta que sea. Solo vemos que salió mal.

A lo mejor salió mal por miedo. A lo mejor los dos teníamos miedo a perder y nos perdimos a nosotros mismos.

Es una pena. Deberíamos querer más, sin miedo a lo que pueda pasar. Deberíamos lanzarnos al vacío, porque ¿quién sabe? A lo mejor alguien nos coge.

El miedo a querer es uno de los miedos más cobardes.

Somos cobardes sin darnos cuenta de que podríamos ganar algo para toda la vida. Y si no ganamos, pues aprendemos.

Vamos a querer hasta que nos duela el pecho. Vamos a sentir hasta que se nos agoten las ganas. Y si perdemos unas cuantas lágrimas por el camino, no pasa nada porque habremos aprendido.

Que sí, que nos tropezaremos mil veces más, pero lágrimas hay de sobra. Lo que nos faltan son ganas de seguir.

Y os diré algo. La llave que abre la puerta que quieres suele estar la última, pero las demás llaves también abren otras puertas.

Besitos.
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¿He hecho algo mal?

dont call me girl

Sí, os habéis hecho esta pregunta mil veces. Yo también, demasiadas diría yo.

Y es que hay personas que me desconciertan profundamente.

Un día te hablan, te necesitan, te quieren ver, y te contestan al segundo de escribir algo. Y de repente, por arte de magia, no existes.

Y piensas, ¿qué coño he hecho mal? Si es que he hecho algo.

¿Que es eso de un día no puedo vivir sin ti y al otro, si te he visto no me acuerdo? ¿Pero sois bipolares, o teneis algún problema mental agudo?

Creo que en este mundo hacen falta más explicaciones. Básicamente para saber qué hacemos mal, para no repetirlo. A lo mejor estoy repitiendo el mismo error mil veces y no me doy cuenta, ya que nadie me lo dice ¿no?

Debo de ser un espécimen especial. A mi si me molesta algo, lo digo, lo hablo. Si quiero cortar por lo sano, lo hago.

Pero por favor, dad explicaciones, que las personas no son adivinas. Si yo fuese adivina estaría leyendo las cartas del tarot en la televisión todas las madrugadas y estaría forrada.

Ah bueno. Y un día, misteriosamente y por medio de fenómenos paranormales dignos de cuarto milenio, VUELVES A EXISTIR.

-Hola guapo/a, cuánto tiempo.

¿Cuánto tiempo? El que a ti te ha dado la gana, porque yo no te dejé de hablar.

Por favor, no contesteis a este tipo de personas, o si queréis, pedid una explicación (si así os quedáis más tranquilos) pero seguro que os responderán con alguna excusa del tipo “el trabajo” o “perdí tu número”

La conclusión final de esto, es que la gente te usa a su antojo (excepto los que te quieren de verdad, que son pocos pero existen).

Tú eliges si quieres dejarte usar. Tú eliges si te vas a a volver a preguntar ¿hice algo mal?

Puede que lo hayas hecho, yo también he hecho cosas mal. Pero tú y yo sabemos que esta vez no, que en un menú hay dos platos y un postre, y a ti te tocó ser la salsa de las patatas.

Besitos superrayadas.