Extraños en un tren

No, no hablaré de la famosa película de Hitchcock, esto va por otro camino.

Estás en el autobús (metro o tren en su defecto) concentrada en tu móvil como si tu vida dependiese de él y, de repente decides levantar la mirada.

Hay mucha gente. Madres con sus hijos mandándoles callar por estar gritando medio trayecto; hombres de negocios que van a trabajar con ojeras de no dormir desde hace años; señoras mayores que van al médico porque quizá, aunque no estén enfermas, les gusta ir y poder hablar con alguien ya que se sienten solas… Y decenas de vidas con su historia.

Y tú estás ahí, observándoles, intentando descubrir a dónde van, por qué visten así, o simplemente, por mirar a algún punto fijo que no sea la pantalla de tu móvil.

Y entonces te fijas. Entre todas esas personas hay alguien que te mira. No te mira como tú has observado antes a los demás, sino que te mira con algo más que curiosidad. Te mira buscando tu mirada. Y cuando miras, disimula mirando hacia otro lado.

“Qué raro, juraría que me estaba mirando fijamente, a lo mejor solamente ha sido casualidad” te dices, y vuelves a mirar, y ocurre lo mismo. Al final esto se convierte en una lucha de miradas en la que no sabes si decir algo o no.

Y finalmente, te sonríe. Miras hacia atrás, pensando que quizá no vaya para ti, y ves que detrás de ti hay un hombre medio calvo con cara de odiar al mundo y decides que sí, que esa sonrisa es para ti y piensas: pues yo también sonrío.

Y entonces ves a dos personas mirándose a cada extremo de un autobús, mientras todo el mundo es ajeno a todo. Te preguntas qué hacer, ¿tengo que decir algo? Bah, si me ha mirado él, seguro que se acerca.

Esa es nuestra cabeza inventándose historias. Lo que realmente pasa, es que ambos pensaron lo mismo y, por miedo o vergüenza, ninguno dijo nada. Él se bajó del bus, echando un último vistazo, y ella se quedó con sus historias.

Ninguno se volvió a ver, o al menos, nunca en esa situación.

Nos quejamos de que no se nos presentan ocasiones para conocer a alguien, no quejamos de lo típico pero la vida nos da oportunidades que pasan por delante de nuestra cara y que, muchas veces no aprovechamos por miedo.

Y estoy más que segura de que esto os ha pasado más de una vez. Y cuando sales del autobús te dices “soy idiota”
No, no eres idiota, simplemente estamos tan cerrados en nuestros círculos, que hablar con un extraño te parece algo sobrehumano.

Pero si nos cuesta incluso preguntar por una dirección a una persona que anda por la calle, ¿cómo no nos va a costar hablar con alguien sin conocerle para saber algo más?

Pues os diré algo. Mis abuelos se conocieron así, en un escaparate de la calle simplemente intercambiando una mirada.

Ahora entiendo cuando dicen que una mirada vale más que mil palabras.

Miles de historias así pasan todos los días y, aunque nunca sean historias largas, sino “relatos cortos” son igual de bonitas.

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2 comentarios sobre “Extraños en un tren

  1. Me doy cuenta que lo publicaste el día de mi cumpleaños y aunque eso no sea irrelevante – xD – debo decir que me ha enamorado el post! ♥ Y se me ocurren muchas preguntas después de leerlo jaja… :p

    Esa primera parte… *sigh*

    Me encanta escribir escenas como la que has escrito, ¡¿sabes?!
    Además, me recuerda a una canción de la Oreja de Van Gogh en memoria del 11M.

    ♥ OOX!

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    1. Creo que, aunque haga las cosas sin pensarlas, el destino quiere que las haga en un momento determinado (como el día de tu cumpleaños) jajaja Me alegra que te haya gustado encanto!
      Un besito! :*

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