Mejor sola, gracias

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Hoy es uno de esos días en los que no te apetece hacer nada social. Te apetece coger tus zapatillas y tus cascos, y andar, solo andar.

Así que eso haces, te vas. No tienes un destino fijo, solo te apetece pensar, estar contigo y nada más. Algún día te vas de compras, otro vas a correr, pero hoy solo quieres andar y andar.

Te pones los cascos y te dejas llevar. Ahora mismo, no necesitas más. No necesitas a nadie, no necesitas hablar, solo estar contigo misma. Y justo, cuando estás en tu mayor momento de tranquilidad oyes un “Hola, qué haces tan sola”

Adiós momento de tranquilidad, qué poco has durado.

Descubres que hay alguien a tu lado que ha decidido que estás muy sola y te va a dar charla y dices “No estoy sola” y te vas. Con tan mala suerte, que quiere seguir dándote conversación “¿Te importa que te acompañe?”

“Oye mira, déjame en paz. He venido sola, porque tomo mis propias decisiones y si quisiera estar acompañada, vendría con alguien a quien conozca” Piensas eso, pero ya te empieza a dar miedo esta situación así que intentas no ser muy borde, por si acaso estás hablando con un psicópata y contestas “No, gracias”

Y sigues andando. Pero notas que te sigue. Estás en la calle, y hay más gente pero te está molestando. Y empiezas a andar más deprisa.

Al final tu paseo se ha convertido en una maratón y ya no estás pensando en ti, sino en no encontrarte a nadie más que interrumpa tu soledad. Entonces, te das cuenta de que has corrido tanto que necesitas una parada para repostar, así que te sientas en el banco más cercano.

Ahí estás, sentada mirando al infinito sin pensar en nada. Pero en esos momentos, no lo cambiarías por nada. Y, de repente, notas como el banco se mueve y se hunde hacia la derecha. Alguien se ha sentado al otro lado.

Bueno, el banco es algo público, no me voy a poner nerviosa. Pero lo estás, ya no estás tan sola como quieres, pero te quedas. Y entonces, llega el temido momento que tanto esperabas y que no querías que pasase: la persona del banco te habla.

No sé si a vosotros os pasará, pero por educación siempre contesto a la gente que me habla, y en estos momentos no sé si es buena idea.

El caso es que te pregunta “Qué haces aquí tan sola” otra vez, otra persona, te pregunta lo mismo. De verdad ¿no hay otra pregunta en el mundo que hacerme? Me cansáis.

Y vuelves a repetir que no estás sola. Pero la persona tienes ganas de conversación y te sigue preguntando cosas. Al final, para huir rápidamente tienes que decir la típica y rápida excusa de “Mi novio me está esperando”

Pero, ahora seamos serios, ¿es necesario que tenga que decir que tengo novio para huir de una situación así? ¿No bastaría con decir que estoy a gusto sola para que me dejen en paz?

Me canso tanto de esta situación. No me pasa a mi sola, nos pasa a muchas y es una sensación horrible. Te sientes desprotegida. Ya puedes hacer boxeo, como ser culturista, da igual, es incómodo. No sueles tener miedo, pero en estos momentos lo tienes. Se te plantean mil situaciones en la cabeza, no sabes qué puede pasar. Y te vas.

Y no he hablado de ir a tomar algo sola. Nunca me ha gustado ir a comer o a tomar algo sin gente, pero a veces, lo haces porque tienes que hacerlo. Y ahí es aún peor.

Algunas personas, instantáneamente cuando te ven sola, piensan que necesitas compañía. Pues no, y menos la tuya, que no te conozco de nada y me molestas tío.

Qué pesadilla. ¿Algún día podremos salir solas, sin que nadie se replantee que estamos solas y nos moleste?

¿Algún día podré volver a casa sola sin tener que ir a 50 km por hora porque me da miedo que alguien me pare y me diga algo que no quiero oír?

Cuando yo veo a alguien solo, no le hablo. Intuyo que si está solo, es porque quiere. A menos que este llorando, o se vea en problemas. No sé, llamadlo sexto sentido, pero no me gusta molestar a las personas.

Pues haced lo mismo. Cuando voy sola, no llevo colgado un cartel que diga “Hola, estoy sola, habladme”

Solo quiero poder ir sola sin que nadie sienta la necesidad de acompañarme. Porque a veces, la soledad no es mala si la decides tú.

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Libres domingos y domingas!

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“Esa va buscando guerra, mira qué falda más corta lleva”

“Si te pones ese escote es para provocar”

“¿vas a salir así vestida?”

Estos son solo unos ejemplos de los cientos de frases que muchas mujeres escuchamos cada día, y lo peor de todo es que lo dicen tanto hombres como nosotras mismas (y luego nos quejamos si nos lo dicen a nosotras)

En serio, qué pereza es tener que pensar siempre cómo vestirse por lo que puedan opinar, o lo que es peor, por miedo a que se interpreten cosas que no son, ¿verdad?

Lo peor es el miedo. Porque a mi lo que puedan pensar, me entra por un oído y me sale por el otro. Pero una cosa es lo que piense la gente, y otra es lo que haga.

Resulta que hay un porcentaje de la sociedad, que piensa que si vas con un vestido corto y con los morros pintados de rojo pasión, es que estás llamando a gritos a un maromo. Lo peor es que por la calle no te encontrarás un maromo, sino un borracho de whisky barato que no sabe ni hablar y que creerá que por llevar ese vestido tiene derecho a decirte cualquier burrada.

Pues no, ni con vestido ni sin él. Ni con un cartel luminoso que ponga “free” en la cabeza. Si yo no quiero que me toquen, ni que se me acerquen con alguna intención, no lo van a hacer a menos que quieran mi mano grabada en su cara.

Me cansan estas situaciones. Me cansa el típico “cuando vuelvas a casa ponte algo más tapado, por si acaso”

¿Por si acaso? ¿En serio tengo que pensar en un por si acaso? ¿Tengo que ir con miedo de enseñar una pierna por si me la ve algún perturbado? ¿Tengo que ir corriendo a casa por si me sigue alguien desde el metro?

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Qué asco. Yo quiero ir con un vestido con escote si me apetece, o con tacones una noche de madrugada, o con unos leggings de purpurina si me da la gana. O si quiero ir con un chandal de mi padre, pues me lo pongo. Porque yo no me estoy vistiendo para nadie, me visto para mi y tengo derecho a no tener miedo lleve lo que lleve.

No estoy hablando de nada nuevo, este tema está en nuestra mesa y cada vez se lucha más porque esto se supere. Pero aun así, es una lucha que avanza a paso de tortuga.

Os podría contar mil anécdotas que gracias a Dior se han quedado en anécdota. Y seguro que vosotras también, así que sois libres de desahogaros por aquí, os animo. Os contaré una anécdota que me hizo hasta gracia por lo patético que fue.

Estaba yo con mis amigas de fiesta una noche cualquiera (cuando salía porque cada vez salgo menos), cuando se nos acercó un hombre, y digo hombre porque nos doblaba la edad, y nos preguntó una a una si queríamos bailar.

La respuesta, os la podéis imaginar: NO. Pero sin ser bordes, por supuesto, la educación es lo primero y si no me molestan yo no saco mi lado borde. Y entonces, viendo que su táctica no funcionaba, optó por quedarse a un lado y observarnos. Imaginaos a alguien que os observa mientras bailáis, habláis o bebeis. Qué incómodo, ¿no?

Pues así estábamos nosotras, incómodas. Y como no se le veía con ganas de moverse de nuestro lado, nos fuimos nosotras, con tan mala suerte que nos siguió y volvió al ataque. Pero esta vez, cambió su discurso y se dirigió a mi:

“No sé qué hacéis aquí solas si no queréis bailar con nadie, para eso iros”

Ah bueno, que ahora resulta que si bailo sola soy una marginada de la sociedad y me tengo que ir de las discotecas. O que mis amigas no son personas, y no lo sabía, y bailar con ellas no cuenta como “bailar con alguien”

Y la cosa no acaba aquí. Ese mismo hombre, volvió a dirigirse a una de mis amigas, a lo que ella contestó “Tengo novio” a ver si así el espécimen huía. Pero no, aún tenía guardado un as en la manga:

“Si tienes novio, ¿qué haces aquí?Así nos confundes”

Bueno, adiós, buena suerte con tu cerebro, si es que sigue debajo de tu calva. ¿En serio hay que escuchar esas cosas?

Me río por no llorar.

Y como esta anécdota, miles. Algunas graciosas y otras de terror.

 

Yo solo espero releer esto algún día y pensar, “Uf, qué época cuando no podía salir con una minifalda por la noche por miedo” mientras llego a mi casa a un ritmo normal, y no corriendo como siempre.

Pero mientras tanto, seguiremos con miedo y creedme, es asqueroso.

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