Sin anestesia, por favor

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¿Dónde está esa persona que soñaba despierta? ¿Esa que podías estar horas creando historias con cientos de finales alternativos? El premio a mejor guionista de cualquier drama romántico era para ti.

Tú, que te ilusionabas con un simple “Hola” y que podías pasarte las noches en vela pensando en mil historias en las que te encontrabas con “llamemoslo X”.

Y te encantaba. Te encantaba soñar, te encantaba tener a alguien en quién pensar, alguien que te diese motivos para desvelarte de madrugada y incluso un motivo por el que llorar. Dicen que las personas soñadoras son más felices porque en su mundo siempre existe una posibilidad de que ocurra algo que otros creen imposible.

Tú lo creías. Te podían hacer llorar, te podían decir que no mil veces, pero siempre existía esa posibilidad que te hacía decirte “Sigue” Y eso, eso era lo que te llenaba de vida.

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Y de repente, un día conociste a alguien que te cambió los esquemas. Te hizo sentir tanto, tan fuerte y tan rápido, que cuando se acabó, se lo llevó todo consigo y te quedaste ahí, intentando abrazar el aire sin ganas. Se llevó tus ganas, eso que siempre habías tenido en todo lo que hacías, y te vació como el que se bebe un vaso de cerveza de un trago y deja solo espuma. Tú eras espuma al fondo de un vaso, sin fuerza para salir y sin ganas de intentarlo.

Intentaste ser quien eras, intentaste sentir. Pero a medida que pasaba el tiempo, te resultaba más difícil querer. Querías querer, pero ¿cómo se puede forzar algo que tiene que salir de dentro? No podías, y cuanto más lo intentabas, a más personas ibas ahogando a tu paso. Porque, igual que tú no sentías nada, las personas con las que te encontrabas sí lo hacían y, sin saberlo, estabas haciendo lo mismo que te hicieron a ti.

Menudo asco. Querías sentir tan fuerte como antes, querías que llegase alguien y te cambiase los esquemas y te revolviese el corazón otra vez. Necesitabas que te diese un mini infarto al leer ” su nombre” en un whatsapp, y es que, te daba igual sufrir un poquito si con eso volvías a sentir algo. Y por más personas que conocías, ninguna te hacía sentir nada.

Llegaste a pensar que eras insensible, que te habías vuelto de piedra. Pero no, relax, solamente te pusieron anestesia.

Y de repente, te diste cuenta de que no estabas tan mal. Que todo ese tiempo en el que no habías conocido a nadie que te hiciese sentir algo fuerte, te habías conocido a ti mismo tanto, que cada vez tenías más claro lo que querías en tu vida.

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Y ahora, llegados a este punto hay algo tienes muy claro, y es que no quieres sufrir. Quieres sentir, quieres querer y quieres soñar. Pero lo justo en esta vida es que la persona con la que quieras hacer todo eso, haga lo mismo contigo. Y sino, que se vuelva por donde ha venido porque tú ya sabes lo que quieres: te quieres a ti.

No te preocupes, llegará esa persona que te haga sentir mariposas, olas, terremotos o lo que sea que te remueva por dentro, pero llegará cuando menos te lo esperes, como todo lo bueno en esta vida, que llega tarde y sin avisar.

Pero mientras tanto, sal del fondo del vaso, que el mundo es muy bonito como para verlo desde abajo. 

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Gotas que colman el vaso

Voy a reconocer que soy especial y que hay mil cosas que me resultan molestas, y cada vez más (eso será porque pasan los años y me vuelvo más irritable, como una señora)

Pero hay cosas que molestan a cualquier ser humano común, llamadlo manías o ser “tiquismiquis” pero son cosas que nos sacan de quicio y que tenemos que aguantar cada día. Y como seguramente, penséis igual que yo aunque no lo digáis, lo voy a decir yo por vosotros y después me contáis si soy la única que piensa así y si tengo que colgarme un cartel que ponga “rara” (pero sé que me vais a dar la razón porque taaaaaaan rara no soy, lo prometo)

  1. La gente que tiene una trituradora en vez de boca

Véase aquellos que mastican chicle con la boca abierta como si no hubiese mañana y te recuerdan que saben masticar porque cuando les tienes al lado oyes hasta el aire que les entra por la boca.

Eso por no hablar de la gente que al comer, se mete más comida de la que su boca puede almacenar y tienen que abrir la boca para conseguir masticar. Lo único que consiguen es hacer ruido, luchar por no ahogarse y que veas su comida cuando les miras. Eso si no hablan a la vez que comen, con lo que la situación anterior se vuelve el doble de aterradora.

Por favor, si alguien dijo una vez “en boca cerrada no entran moscas” también servía para esta situación. Un poco de compasión para los que sufrimos cuando vemos comida en bocas ajenas, o nos molesta el ruido de bocas masticando como hienas.

2. Miradas penetrantes

Esto no es una técnica de seducción. Hablo de la típica persona que se te queda mirando en el metro, bus, consulta del médico, etc…

Planteemos una situación gráfica:

Entras al autobús, llevas mil cosas en la mano y cuando logras encontrar el abono piensas “la próxima vez lo saco antes y ahorro tiempo”. Pasas el abono y te introduces en el bus buscando algún sitio donde apoyarte para no echar a volar cada vez que el señor autobusero frene “delicadamente como una mariposa”. Ves que lo de sentarte es imposible y decides que es más fácil buscar un hueco entre varias personas, así que te metes a duras penas en un mini espacio entre un señor con mochila (que la al parecer lleva su casa dentro y ocupa medio autobús) y dos señoras que se quejan de que la juventud no tiene educación, mientras van cargadas de bolsas de las rebajas que pesan más que su pensión.

Les rozas al pasar, y oyes como se quejan “pf, pf” pero te da igual, es eso o caerte así que pasas de largo. Y entonces, llega el esperado momento que tanto temías. Justo, enfrente de ti hay un chico (chico esta vez, porque puede ser un niño, una abuelita o una top model)

Te mira. Pero no en plan de reojo, te mira como si tu cara fuese un escaparate. Y piensas, ¿se habrá quedado pensando en algo y está mirando por mirar? Pero parpadea así que descartas esa opción. Miras hacia tu lado, a ver si por casualidad, no es a ti a quien mira. Pero no, definitivamente te mira a ti.

Ya empiezas a pensar de todo, desde que es un psicópata, hasta que tienes algo en la cara. Pero si nadie más me mira, será porque tan mal no voy ¿no?

También se te ocurre que te puede conocer, pero ¿de qué? Empiezas a pensar si te suena su cara, pero sigues sin caer.Y te empiezas a agobiar con preguntas que nadie te va a responder, y piensas en cuántas paradas te quedan para bajarte y dejar de aguantar miradas acusadoras.

¿Cómo alguien es capaz de aguantar tanto la mirada? Me quiero bajar ya, me está poniendo de los nervios. Entonces te bajas, y te miras al primer espejo que pillas por la calle. Resulta que no tenías nada raro en la cara, menos mal.

Estoy segura de que esto os ha pasado, a mi al menos me pasa cada semana y siempre me pone de los nervios.
3. Los regateos por la acera

Qué me decís de ese momento incómodo cuando, vas andando por la calle con algo de prisa y te cruzas a alguien de frente que está haciendo lo mismo que tú, os miráis, os apartais para dejaros pasar pero lo hacéis para el mismo lado y así durante 3 segundos en los que parece que estáis haciendo un juego de mímica.

Aunque eso siempre es mejor que ir por una acera estrecha e intentar esquivar a un grupo de cuatro señoras que al parecer, son un pack indivisible (como los yogures) y que no van a dejar pasar a nadie que vaya por detrás de ellas.
Si al menos, fuesen rápido. Pero no, encima provocan atascos. Luego dirán de los coches y el tráfico, pero los peatones también sufren atascos.

4. El vecino que no oye su despertador


Todos hemos tenido un vecino, en el bloque, comunidad o alrededores, que todas las mañanas poner el despertador a todo trapo y despierta a todo el mundo menos a él mismo.

Gracias por despertarme con radio olé, era la mejor manera de empezar un lunes. Haré lo mismo el sábado en tu puerta, con una sartén y una cuchara, a ver si te hace ilusión.

5. Ticket y cambio en la misma mano no, por favor!

Cuando pagas en el super, todavía estás metiendo las cosas en la bolsa, y ves que las cosas del siguiente cliente ya caen por la cinta, no hay nada peor que recibir el cambio a la vez que el ticket.

¿Me explicas con qué mano guardo las cosas, cojo el ticket y meto las monedas del cambio en el monedero? Según mis cálculos, me hace falta una mano.

Entonces pasa lo más temido: se te cae el cambio. Ves las monedas rodar y te despides por dentro, porque en lo más profundo de tu corazón sabes que alguna de esas monedas se ha perdido para siempre en el súper.

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Y con esto y un bizcocho, os he contado las cinco cosas que más me sacan de quicio (aunque hay muchas más)

Con un poco de suerte, alguien me entenderá. Y sino, pues al menos me he desahogado un poco.

Feliz semana superrayadas, y que no os devuelvan el cambio a la vez que el ticket!

Vive por los que ya no pueden: Marzo se viste de luto

Hoy hago un alto en el camino. Hoy no quiero hablar de amor, del pasado ni de nada superficial. Hoy quiero que olvidemos esos “problemillas” y pensamos que hay cosas peores que “alguien te deje en una relación” o “que te hagan la cobra”. Quiero plantearos que hay cosas más importantes en esta vida, como por ejemplo la propia vida.

Y direis, ¿a dónde quiere llegar?

Pues todo esto viene a cuento del trágico accidente aéreo que ha ocurrido en Francia esta semana. Afortunadamente, no ha tocado a nadie que yo conozca pero, ¿es eso acaso algo importante? ¿Por ello no nos tiene que doler? Es que nos podría haber pasado a cualquiera o a cualquier que conociésemos.

Todas esas personas que han muerto han dejado atrás una vida y un futuro que ya no va a poder cumplirse, unos sueños que conseguir y muchas personas a las que querer. Muchas de esas personas habían planeado viajes, querían estudiar una carrera, o simplemente casarse en un futuro. Y ya no pueden. No pueden porque la vida es así, porque nunca sabes lo que te va a pasar, nunca sabes si te ocurrirá algo en un avión, en un coche o andando por la calle un día cualquiera. Puedes tener todo el cuidado del mundo, pero las cosas pasan y, a veces, no podemos pedir una explicación.

Es muy duro pensar así, pero es la verdad. Y hay cosas que no se pueden cambiar. Da igual que te quedes en casa, porque los accidentes también ocurren en una casa. Lo único que puedes hacer, y de hecho es para lo que estás en este mundo es VIVIR. 

VIVE porque nunca sabes cuando dejarás de hacerlo, pero si no lo haces, creemé, te irás en vano. Vamos a disfrutar un poco de la vida, vamos a dejar de hundirnos por tonterías, hay cosas peores y solo hay una cosa que no tiene solución y es la muerte.

Yo veo cada día a personas que salen adelante con mil problemas a cuestas, y pienso: “me quejo de vicio” Y es verdad, hay personas que luchan aunque no tengan ni con qué luchar, enfermedades que les consumen, pobreza que no les permite ni llevarse un trozo de pan a la boca… ¿y nos vamos a quejar porque alguien no nos conteste en whatsapp?

Pues lo siento mucho, pero después de ver estas cosas, cada vez que me queje me plantearé si merece la pena. Porque hay personas con problemas peores que en vez de quejarse, hacen algo por cambiar las cosas o por lo menos VIVEN, que para eso estamos aquí.

Y desde aquí, aunque nadie me lea, mi pésame a todas las familias y amigos de las víctimas de este accidente que ha dejado una sombra negra en el mes de marzo. Una fecha más que recordar, que ojalá no tuviese que ser recordada. Los siento por los hijos que tendrán que vivir sin sus padres, por los padres que no verán a sus hijos crecer, por los sueños sin cumplir. Pero vosotros podéis, sois fuertes solo por el hecho de vivir a partir de ahora. 

 

A rescue helicopter from the French Securite Civile flies towards the French Alps during a rescue operation near the crash site of an Airbus A320